La mayor parte de los nuragas están compuestos por cámaras abovedadas superpuestas, conectadas entre sí por escaleras helicoidales excavadas en el interior de la mampostería. Algunos de ellos podían tener hasta tres cámaras y alcanzar una altura de unos 25 metros. Las torres del nuraga Genna Maria, quizá debido a la mala calidad de la marga, que implica fracturas continuas, están formadas por una sola cámara y debían tener una altura de unos 5-6 metros. Debido a los derrumbes que se produjeron ya en la Antigüedad, no se han conservado las techumbres de las torres.
El espacio interior de la torre central es muy estrecho, los muros están construidos con bloques irregulares de marga con pequeñas cuñas de piedra volcánica para rellenar los espacios entre un bloque y otro. El aire y la luz provenían únicamente de la puerta de acceso. Los problemas estructurales de esta parte de la entrada, visibles desde el interior, hicieron necesario construir un pilar de soporte a la derecha; en el exterior, en cambio, se optó por una remodelación completa de la fachada frontal con la construcción de una pequeña ventana sobre el arquitrabe que impedía que el peso de los muros superiores recayera sobre ella. En el interior del nuraga se han encontrado muy pocos fragmentos de la época nurágica, ya que a partir del siglo IV a. C. el monumento fue reutilizado como santuario dedicado a una deidad del ciclo agrario, quizás Deméter, protectora de los agricultores. Deméter fue sustituida, en la época romana, por el de Ceres. Los hallazgos arqueológicos encontrados en el interior de la torre y en el patio dan testimonio del uso secular del nuraga como lugar de culto: 650 lámparas votivas, más de 250 monedas de bronce, fragmentos de ungüentarios y portaperfumes de vidrio, objetos de plata e incluso una pequeña máscara de oro describen el uso de la torre central como espacio para el depósito de objetos votivos. En el patio, por su parte, los restos de alteración de la piedra debido a la exposición continua al fuego y los restos de huesos de animales carbonizados atestiguan el uso de esta zona para rituales y sacrificios cruentos.
